
Los argentinos
observamos como en los últimos días, la necesaria discusión sobre cómo reducir
el déficit fiscal en nuestra Argentina tuvo matices violentos, discusiones
mediáticas y cuestionados acuerdos que lejos de acercarnos, nos
mantiene divididos.
En efecto, la
dolorosa discusión sobre el recálculo previsional se mostró de manera
sobre actuada como la mayor calamidad o la mejor solución para el eterno y
agravado problema en los últimos tiempos
de nuestros jubilados y la forma de plantear ese debate en nada nos ayuda a
mejorar nuestra imagen en el mundo, mundo que si bien ahora repara que la Argentina existe, no va a invertir en
un país que nunca logra superar las contradicciones ni garantiza políticas de Estado.
Paralelamente,
la reforma laboral intenta generar un
mayor nivel de empleo, disminuir los enormes costos laborales que, al observar
lo que ocurre por ejemplo en el resto de América Latina claramente quita competitividad
a la Argentina frente a las posibilidades de crecer en inversiones destinadas a
la exportación, a mi criterio, único camino para tener un crecimiento sostenido
a la largo plazo. Seguramente este tema generará otra profunda grieta,
esperemos que con ribetes menos violentos que los de los últimos días.
Detrás de
tanto humo, (real o mediático) el INDEC por enésima vez nos presenta uno de los
problemas nunca encarados de manera eficiente y que podría ser una tarea
conjunta entre los empresarios, sindicalistas y el Gobierno para solucionar
ambos problemas que tanto dolor nos causa discutir. El empleo en negro (hoy 34
%) es casi siempre el mismo ya sean épocas de crecimiento o de recesión, y que
por su permanencia muestra que en muchas actividades es parte de la cultura
argentina, pero que afecta de manera notable no sólo a los más de 4 millones de
personas que se encuentran en dicha condición sino que también a los jubilados (de manera mucho más grave
que la reforma previsional), a los empresarios que cumplen con la ley (ya que
les genera una competencia desleal), a los trabajadores legalizados, porque
quita ingresos a sus obras sociales, y al Estado mismo, que otorga subsidios y
planes y atención gratuita en materia de salud a supuestos desocupados que, en
realidad son trabajadores informales que. si tuvieran su obra social y aportes
jubilatorios, no sólo mejorarían su calidad de vida sino que además
disminuirían costos al Estado, y mejorarían la recaudación del ANSES, pudiendo
entonces de manera sustentable disminuir para todos el costo laboral que los
empresarios reclaman.
Cuando nos
preguntamos si las únicas maneras de recortar el déficit fiscal, (único
responsable de la inflación que sufrimos y del endeudamiento externo o la
emisión monetaria que unos y otros rechazamos), son el aumentar impuestos o
recortar gastos, nadie se anima en encarar una profunda lucha contra la evasión
previsional, o si fuéramos un poco más audaces , contra la evasión impositiva de la que
somos cómplices todos los días al no tener la conducta de pedir la factura
correspondiente.
Pero es más
fácil pescar en la pecera que en mar abierto o mirar para otro lado porque
parece que “si no se evade los negocios caerían como moscas y se perderían
fuentes de trabajo” como se justifican infinidad de integrantes de la economía
informal pero que en conjunto mueven millones en negro.
“Hacer lo que
hay que hacer”, como dice el gobierno o “Luchar para no perder derechos” como
dice la oposición debería contemplar como punto de encuentro la lucha contra el
trabajo en negro y la evasión impositiva en la que empresarios, sindicalistas,
consumidores y el propio Estado podrían jugar un rol determinante, ampliando la
base contributiva de manera sustentable y hacer que todos paguemos menos, que
más gente pueda jubilarse y que no tengamos que, cada año. ver a quien le
quitamos algo para intentar balancear
las cuentas que nunca cierran.
*Ing. Humberto
Benedetto Parlamentario del Mercosur por Córdoba
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