jueves, 21 de diciembre de 2017

La Batalla que Nunca Damos*(Puntal y la Voz

Los argentinos observamos como en los últimos días, la necesaria discusión sobre cómo reducir el déficit fiscal en nuestra Argentina tuvo matices violentos, discusiones mediáticas y cuestionados acuerdos que lejos de acercarnos, nos mantiene divididos.
En efecto, la dolorosa discusión sobre el recálculo previsional se mostró de manera sobre actuada como la mayor calamidad o la mejor solución para el eterno y agravado problema  en los últimos tiempos de nuestros jubilados y la forma de plantear ese debate en nada nos ayuda a mejorar nuestra imagen en el mundo, mundo que si bien ahora repara  que la Argentina existe, no va a invertir en un país que nunca logra superar las contradicciones ni garantiza políticas de Estado.
Paralelamente, la reforma laboral intenta  generar un mayor nivel de empleo, disminuir los enormes costos laborales que, al observar lo que ocurre por ejemplo en el resto de América Latina claramente quita competitividad a la Argentina frente a las posibilidades de crecer en inversiones destinadas a la exportación, a mi criterio, único camino para tener un crecimiento sostenido a la largo plazo. Seguramente este tema generará otra profunda grieta, esperemos que con ribetes menos violentos que los de los últimos días.
Detrás de tanto humo, (real o mediático) el INDEC por enésima vez nos presenta uno de los problemas nunca encarados de manera eficiente y que podría ser una tarea conjunta entre los empresarios, sindicalistas y el Gobierno para solucionar ambos problemas que tanto dolor nos causa discutir. El empleo en negro (hoy 34 %) es casi siempre el mismo ya sean épocas de crecimiento o de recesión, y que por su permanencia muestra que en muchas actividades es parte de la cultura argentina, pero que afecta de manera notable no sólo a los más de 4 millones de personas que se encuentran en dicha condición sino que también  a los jubilados (de manera mucho más grave que la reforma previsional), a los empresarios que cumplen con la ley (ya que les genera una competencia desleal), a los trabajadores legalizados, porque quita ingresos a sus obras sociales, y al Estado mismo, que otorga subsidios y planes y atención gratuita en materia de salud a supuestos desocupados que, en realidad son trabajadores informales que. si tuvieran su obra social y aportes jubilatorios, no sólo mejorarían su calidad de vida sino que además disminuirían costos al Estado, y mejorarían la recaudación del ANSES, pudiendo entonces de manera sustentable disminuir para todos el costo laboral que los empresarios reclaman.
Cuando nos preguntamos si las únicas maneras de recortar el déficit fiscal, (único responsable de la inflación que sufrimos y del endeudamiento externo o la emisión monetaria que unos y otros rechazamos), son el aumentar impuestos o recortar gastos, nadie se anima en encarar una profunda lucha contra la evasión previsional, o si fuéramos un poco más audaces , contra la evasión impositiva de la que somos cómplices todos los días al no tener la conducta de pedir la factura correspondiente.
Pero es más fácil pescar en la pecera que en mar abierto o mirar para otro lado porque parece que “si no se evade los negocios caerían como moscas y se perderían fuentes de trabajo” como se justifican infinidad de integrantes de la economía informal pero que en conjunto mueven millones en negro.
“Hacer lo que hay que hacer”, como dice el gobierno o “Luchar para no perder derechos” como dice la oposición debería contemplar como punto de encuentro la lucha contra el trabajo en negro y la evasión impositiva en la que empresarios, sindicalistas, consumidores y el propio Estado podrían jugar un rol determinante, ampliando la base contributiva de manera sustentable y hacer que todos paguemos menos, que más gente pueda jubilarse y que no tengamos que, cada año. ver a quien le quitamos algo para  intentar balancear las cuentas que nunca cierran.

*Ing. Humberto Benedetto Parlamentario del Mercosur por Córdoba

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