Mucho se dice, mucho se ha dicho
y mucho se dirá sobre la separación, suspensión o disminución de las facultades
que Venezuela tiene hoy en el Mercosur, pero pocos analizarán las dificultades
que dicho país ha tenido para integrarse en los términos de la normativa
vigente en el Mercado Común, normativa que, por ejemplo, se le exige
puntillosamente a Bolivia para ser Miembro Pleno, pero que, pese a haber
cumplido con las exigencias para nuevos países miembros, no ha sido aceptado aún
por Brasil, dado que su Congreso no lo aprobó ni durante el gobierno de Lula, ni el Dilma ni el de
Temer y el Congreso Uruguayo, supuestamente integrador y progresista, recién dió
su visto bueno hace pocos días.
Una de las condiciones básicas que
el Mercosur exige a sus Estados Miembros es la obligación de cada integrante a
cobrar derechos de importación del 30% a los productos extrazona y aranceles 0
para los que se produzcan de manera interna. Venezuela, luego de varios años de
integrarse con voz y voto no lo ha cumplido. Este elemento que caracteriza al
MERCOSUR como una Unión Aduanera, es determinante a la hora de las relaciones
comerciales, ya que si Venezuela compra en EEUU lo que podría comprar en
Argentina o Brasil distorsiona la relación
comercial o si peor aún, realizara maquilas en su propio país de productos
extrazona, podría exportarlos a nuestros países a arancel cero con solo colocar
una etiqueta que dijera “hecho en Venezuela”.
Por otra parte, los intercambios
comerciales de Venezuela al y desde el Mercado Común no son superiores al 5 %
del total de su comercio exterior mientras que en el resto de los países es
superior al 20%. Más grave es el hecho que las pocas compras que Venezuela hizo
a Argentina o a Uruguay las realizo a cambió de Petróleo, pero incumpliendo el
pago, generando a países como Uruguay graves problemas financieros en empresas
como Conaprole, cooperativa láctea del país oriental.
Los discursos por la integración de
la década de oro del denominado “progresismo latinoamericano” con presidencias
simultáneas de los Kirchner, Lula, Chávez, Lugo y Mujica al parecer sólo
quedaron en eso. Cuando se analizan los números de intercambio comercial entre
nuestros países en dicha “década ganada” vemos que disminuyeron drásticamente,
obligando a cada país a realizar convenios comerciales con países de América
del Norte o con China cuyas participaciones en los totales de exportaciones e
importaciones crecieron de manera importante. El alto componente ideológico que
impusieron estos presidentes a las relaciones internacionales hicieron, por ejemplo, separar a Paraguay del
Mercado Común para permitir el ingreso de Venezuela, no se tradujeron en
mejores relaciones comerciales, obligando a Brasil a comprar trigo a Canadá
dejando de lado a Argentina, tradicional vendedor.
Integrarse en Mercados Comunes
requiere ceder soberanías, requiere creer que es posible el libre comercio,
algo que ninguno de los mencionados presidentes creían.
Cuando se habla de integración,
el relato simplista dice que Argentina, Paraguay y ahora Brasil quieren romper
el Mercosur para ir a otros mercados tales como la Alianza del Pacifico y el
ALCA, y que supuestamente Uruguay , Venezuela y Bolivia son los más interesados
en continuar integrándose. Al ver los aportes que obligatoriamente deben
realizar los países partes para sostener las estructuras administrativas del
Mercosur , encontramos que Venezuela jamás ha pagado cuota alguna desde que
ingresó, que Uruguay se encuentra en
mora, que el Brasil de Lula y Dilma
deben más de dos años y que Argentina y
Paraguay están al día con sus pagos. Entonces nos preguntamos: ¿Quién está más consustanciado con la integración?;
¿Los supuestos países ”de derecha” que cumplen con las normativas vigentes o
aquellos que sólo han aportado sus discursos?.
En un ámbito esencialmente económico
como es el Mercosur los discursos no alcanzan. Si bien la integración debe
avanzar en lo social, en lo político y en lo cultural lo económico es lo
primordial. Para floridos discursos están la OEA, la ONU, el Movimiento de Países
no alineados y el propio Unasur, creación de la supuesta década progresista que
dejaron inmóvil bajo la nube de discursos, como hicieron con el propio Mercosur.
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