En los últimos días,
producto de la declaración conjunta entre la Ministra Susana Malcorra y el
Ministro de Estado para Europa y las Américas de la Secretaría de Relaciones
Exteriores y Commonwealth Británica, Sir
Alan Duncan y el discurso del Presidente Mauricio Macri ante la ONU se generó
una discusión más mediatizada que mediática sobre una supuesta entrega de la
soberanía argentina sobre las islas, sobreactuada por diversos sectores
políticos tanto del oficialismo como de la oposición.
En este marco creo necesario
reflexionar sobre algunos aspectos importantes a la hora de analizar los
alcances específicos tanto de la declaración conjunta como del discurso
expresado por el Presidente Macri en la Asamblea de las Naciones Unidas.
Las críticas a la Ministra,
a mi criterio basadas en el desconocimiento, plantean que la declaración
conjunta con Gran Bretaña implica la sesión de los derechos soberanos que
Argentina tiene sobre las Islas del Atlántico Sur.
Sobre la declaración
conjunta es menester aclarar que una declaración no es un acuerdo o un tratado,
sino una mera enumeración de intenciones de ambos funcionarios como gesto de
iniciar conversaciones sobre las Relaciones Bilaterales.
La diferencia entre una
“Declaración” y un “Tratado” es fundamental. Una “Declaración” no requiere su
aprobación por el Congreso de la Nación, en cambio un Tratado concertado con
otro país para tener validez necesita ser aprobado por el poder Legislativo.
Además, la declaración (de
la que sólo se conoce un comunicado de prensa) menciona diversas expresiones de
deseos en materias tales como Lucha contra la corrupción y el crimen organizado
Ciencia y Tecnología, Derechos Humanos y Cuestiones de Género Arte, Cultura,
Educación y Deportes, Comercio e inversiones y, en uno de sus puntos, habla de
Atlántico Sur (algo que no era posible no incluir).
La declaración aclara expresamente
que está resguardada en la denominada “cláusula paraguas” (artículo 2 del
Tratado de año 1989 aprobado por ambos Parlamentos que expresamente dice: “(1)
Nada en el desarrollo o contenido de la presente reunión o de cualquier otra
reunión similar ulterior será interpretado como; (a) Un cambio en la posición
de la República Argentina acerca de la soberanía o jurisdicción territorial y
marítima sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los
espacios marítimos circundantes;(b) Un cambio en la posición del Reino Unido
acerca de la soberanía o jurisdicción territorial y marítima sobre las Islas
Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos
circundantes; y (c) Un reconocimiento o apoyo de la posición de la República
Argentina o del Reino Unido acerca de la soberanía o jurisdicción territorial.”
De lo expuesto claramente se
entiende que la declaración es meramente formal y que el texto de la misma que
dice “adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que
limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas,
incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”, no tiene valor jurídico alguno. Es
más, aún que el ejecutivo tuviera en su “malvado plan de entrega al poder
internacional la República Argentina en su totalidad” como expresa la campaña
del miedo que algunos aún continúan llevando a cabo, la soberanía sobre Malvinas tiene rango
constitucional, por lo que ni siquiera el Congreso tiene potestad para ceder
soberanía alguna.
Las otras críticas, basadas
a mi criterio en el profundo
prejuicio que muchos políticos opositores tienen del presidente, están basadas
en las manifestaciones de Macri de invitar a Gran Bretaña a solucionar el tema
de la soberanía de las Islas “de manera amigable”.
Primero es importante
destacar que Argentina y Gran Bretaña tienen relaciones bilaterales desde 1989 y que, como con cualquier país,
tienen intereses en muchos aspectos, más allá de lo territorial.
Segundo el Presidente dijo
en su campaña electoral que Argentina debía tener relaciones con todo el mundo
(eso incluye Gran Bretaña) y que estas relaciones tenían que ser más pragmáticas que ideológicas y lo viene desarrollando puntillosamente, nombrando alguien
políticamente neutra como Malcorra pero que, por su experiencia en la ONU,
tiene relaciones con todos los países del Mundo. Desde que asumió, el Gobierno
se ha reunido con presidentes “progresistas” como el de Brasil, Uruguay, Chile,
Rusia y China tanto como con mandatarios de países como Alemania, Estados
Unidos, Paraguay, México, sin que en ello incidiera su posicionamiento
ideológico. Con el único presidente que no ha generado buenas relaciones (muy a
pesar de Malcorra) es con Maduro, el presidente de Venezuela.
El marcado prejuicio que la
campaña del miedo puesta en marcha durante el ballotage ha generado en muchos
argentinos hace que, cuando Macri se reúne con Obama, la Canciller Alemana o
con funcionarios británicos, lo consideren como una “estrategia derechista de
entrega del país” pero nada dicen cuando este mismo presidente se reúne con
Rusia, China o algún país de los denominados Progresistas.
Dialogar con Gran Bretaña es,
ni más ni menos, lo que por mucho tiempo se ha planteado como una estrategia
razonable para recuperar las Islas Malvinas, ya que de poco han servido la
múltiples declaraciones internacionales, los buenos oficios de los países
amigos, o la vía de las armas que hizo retroceder todo lo conseguido hasta
1982. La actual debilidad de Gran Bretaña, cuestionada por sus históricos aliados
al salir de la Comunidad Europea, y con un debate interno importante entre los
países miembros del Reino Unido parece ser el momento indicado, pero para ello
se necesita sentarse con sus funcionarios e intentar, como el Gobierno lo hace,
relacionarnos “de manera no beligerante” para evitar los prejuicios que
conlleva decir “de manera amistosa”.
*Humberto
Benedetto, Parlamentario del Mercosur por Córdoba.

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