Días atrás planteábamos en nota
de opinión que si Maduro “maduraba”, facilitaría su acceso a la Presidencia del
Mercosur; Organismo que necesita tener a Venezuela como miembro geopolítico
económico indispensable para una integración económica, social y política. Los
miembros de la Comunidad del Mercosur vemos con mucha tristeza que lejos de
madurar, Nicolás Maduro adolece.
Adolece de buenos modales al
asumir por sí mismo un organismo internacional donde el resto de sus
integrantes se enteran por una comunicación epistolar de su decisión de
presidirlo, independientemente de lo que opinen sus presididos.
Adolece de prácticas diplomáticas
al acusar a los Estados Partes del Mercosur de realizar “maniobras rastreras,
miserables y ruines la Triple Alianza” integrada al parecer de Maduro por
Argentina, Brasil y Paraguay.
Adolece de memoria el calificar
al actual Gobierno de Paraguay de “stronista”, Gobierno al que no tengo el
gusto de conocer de manera personal, pero al ver a sus representantes en el
Parlamento que integro, encuentro difícil poder calificarlos de otra cosa que
no sea de respetuosos de las normas de urbanidad, de respeto por los asuntos
internos de cada país y de profunda vocación democrática.
Adolece además Maduro del
conocimiento de algunas cuestiones básicas para cualquier relación con los
demás. Maduro no comprende que Venezuela es mucho más que su persona, que el gobierno
venezolano es mucho más que su poder ejecutivo y que en política no conduce el que
quiere, sino apenas el que puede. No alcanza a comprender que en política es
mejor seducir que imponer, consensuar que violentar y que representar no es
conducir.
Adolece de palabra de honor, al
no dar cumplimiento en tiempo y forma de los más de 300 puntos que, al decir de
los demás países miembros, se comprometiera su mentor Hugo Chávez en nombre de
Venezuela al ingresar al Mercosur.
Pero quien más adolece por las acciones
de su Presidente es el Pueblo de Venezuela, que ha perdido libertades, insumos médicos
básicos, alimentos de primera necesidad y gradualmente la esperanza de ver a su
propio país recuperar el prestigio internacional que merece tener.
Maduro con sus recientes
acciones, no sólo ha confirmado los temores previos de los Países que ponían en
duda su Presidencia en el Mercosur sino que se encamina a ser un presidente
sin presididos, mas pro tempore que nunca y a pasar en estos efímeros meses siendo,
como ya lo es en su propio país, un Presidente de Nadie.

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