viernes, 15 de julio de 2016

Las Tres Victorias Culturales de la Era k




El cantor popular decía que veinte años no es nada pero yo digo que doce no es poco. Y estos años del imperio k han dejado grietas difíciles de cerrar pero también huellas difíciles de borrar. La Cultura, eso que se define como todo lo que el hombre o los pueblos hacen, también ha tenido en estos años cambios de pensamiento generalizados en la opinión pública y publicada. Algunos de esos cambios de opinión le costaron al pasado gobierno duras batallas aunque otras han sido más fáciles de asimilar por el conjunto de los argentinos.
La primer victoria del kirchnerismo fue convencer a la mayoría de los argentinos de que el Grupo Clarín miente. Que lejos de ser un multimedio independiente como durante años se pregonaba, es más bien un medio con importante hegemonía que incide en el Poder Real de la Argentina y mucho más aún en las decisiones políticas, ya que al parecer muchos políticos argentinos están hoy más dedicados a las agendas de los medios que a las agendas de la gente. Esta victoria hace que, lectores durante años del Gran Diario Argentino como yo, hayamos tomado prudente distancia al momento  de dar como ciertos sus dichos, de afirmar la independencia de sus contenidos o tomáramos con pinzas las editoriales u opiniones de sus respetados periodistas. Casi como nunca antes para poder hacernos una idea de la realidad los pocos interesados en ello tenemos la fastidiosa pero saludable tarea de leer o ver varios medios (que tampoco muestran independencia alguna) para promediar una imagen de esta realidad argentina que ha superado largamente a la ficción. Esta batalla cultural le llevó mucho tiempo y esfuerzo al gobierno k pero aun no estoy seguro si la relación costo beneficio fue la más satisfactoria.
La segunda gran victoria fue la asimilación, ya no por parte de la sociedad sino además por sus actores económicos, de que las retenciones a las exportaciones agropecuarias son razonables. Ver el festejo de los ruralistas luego del voto no positivo me causó una sorpresa sin límites, porque lo que se festejaba era tener que aportar “nada más” que 35 % de sus ingresos, algo que años anteriores hubiera significado a quienes lo sugirieran un linchamiento en el predio de la Rural de Palermo.
Esta victoria cultural le costó mucho en términos políticos al gobierno, pero pasado el tiempo algún historiador se preguntará: ¿Como hicieron para que quienes silbaron a Alfonsín por implementarlas en los 80, aplaudieron a Menem por eliminarlas en los 90 y las aceptaran solo de manera provisoria y al 20 % con Duhalde, terminaran asimilando tamaña derrota en términos económicos?. Pocos son los que animan a recordar que si la resolución 125 se hubiera aplicado durante estos últimos años las retenciones hubieran sido mucho menores a las que aún se pagan actualmente en soja.
La Tercera Victoria fue más sencilla y es la que hoy estamos viviendo. Contó y cuenta con la complicidad expresa de casi todos los argentinos que, en su fuerte  individualismo y su convicción de que lo que paga Estado no lo pagamos todos, acepta y proclama dos conceptos casi únicos en el mundo: Que se puede vivir por siempre con la totalidad de la población subsidiada y que se puede bajar una inflación del 25, 35 o 45 % anual de manera gradual. Son muchísimos los argentinos (y por ende los periodistas y políticos afines a decir lo que la gente quiere escuchar) los que le piden al gobierno de Macri hacer lo que nunca en el mundo se pudo hacer (y desafío a los economistas que me lo desmientan porque no soy lo que se dice un gran entendido en la materia) que es disminuir la inflación manteniendo el déficit fiscal, sin recurrir al endeudamiento externo y sin contar con una clase empresarial local dispuesta a la inversión para mejorar la oferta manteniendo la demanda. Aferrados a la gran esperanza de la inversión externa se esperan las inversiones productivas sin analizar que ni siquiera las empresas chinas invertirían en un país donde deberán discutir con Moyano o quien sea aumentos salariales en dólares del orden del 35 % anual. Pedir gradualismo y mantenimiento de subsidios generalizados en esta economía superdeficitaria es el equivalente a pedirle a Messi que desde la mitad de la cancha y de espaldas ponga la pelota en el ángulo superior derecho. Macri y su equipo podrán ser buenos administradores, pero no son los Maradona de la Economía. Nadie en el mundo pudo serlo hasta ahora.
Humberto Benedetto

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