Mucho se habla en los medios capitalinos (y cortan y pegan
los medios del interior) sobre el importante aumento de tarifas en teléfonos,
gas, agua y medios de transporte.
Con asombro los ciudadanos que vivimos en el interior (y
mucho más los que lo hacen en el interior del interior) nos quedamos absortos
no tanto por el monto que los capitalinos van a pagar por sus servicios de
ahora en más, sino más bien por lo que venían pagando hasta este ajuste de
tarifas.
Indigna a los cordobeses, santafecinos o mendocinos ver cómo,
mientras hace dos años venimos pagando tarifas de colectivos a seis pesos
(actualmente pagamos 10), durante años el precio en Capital era 3,50.
Indigna, a quienes viven en pueblos,
ver el rosario de quejas de quienes van a pagar más caro el gas mientras en las
localidades pequeñas se viene pagando hace años como categoría 4 (la más cara)
mientras, en las ciudades más grandes, los ciudadanos están categorizados en
1,2 y 3 en la inmensa mayoría de los casos (pero siempre más caro que en
Capital)
Provoca un sentido de impotencia y
desigualdad sin límites enterarnos que las propiedades del pleno centro de
Buenos Aires pagaban 43 pesos de agua subsidiados por el dinero de todos los
argentinos mientras que en las provincias (servicio otrora descentralizado por
el Estado Nacional) pagamos por lo mismo un mínimo de 150 pesos actualizados
anualmente sin subsidio alguno.
Nos da mucha bronca que en el área
metropolitana subsidiemos con nuestros impuestos un servicio de subte y un
servicio de trenes (hermosos pero que usamos solo cuando vamos de visita)
mientras que en muchas localidades no nos pasa ni el viento.
Y mucha más bronca nos genera que los
responsables de tanta desigualdad unitaria nos digan que esto es un tarifazo
que provocará reacciones del pueblo en una ciudad y su conurbano en donde los
salarios comparados rubro por rubro son más altos que en el interior, la ayuda
social es ilimitada, los costos operativos son menores por su densidad poblacional
y donde la inflación es siempre menor a la que tenemos fuera de la General Paz.
Estimados porteños y amigos del
conurbano, medios capitalinos y señores ex funcionarios del gobierno k, único
responsable de tales desmanes: Igualar a desiguales siempre fue contrario a la
justicia social pero subsidiar a los que mejor viven a costa de los que peor lo
hacen es un pecado. Bienvenidos al Tren de la vida sin subsidios, hace años que
los estábamos esperando.
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