miércoles, 30 de marzo de 2016

Caso Martinero: Una bala, Tres Destinos




Como en la película Match Point de Woody Allen, el abogado Martinero tuvo su destino marcado por el azar, por la rectilínea trayectoria de una bala que pudiendo convertirlo en justiciero, lo convierte en homicida; que pudiendo pegar en un auto o en las paredes o en el cuerpo del motochorro pega, por esas cosas que tiene el libre albedrío, en el cuerpo de un pobre cerrajero que nunca debió pasar por allí.
El primer destino del tirador hubiera sido la gloria mediática: Si esa bala daba en el cuerpo del moto chorro el sensacionalismo argentino lo hubiera hecho el héroe del mes. Programas de cocina, políticos, humorísticos y hasta de chimentos hubieran discutido hasta el cansancio para defender a este hombre que con su acto de valentía hubiera revivido el  fascista encubierto que muchos argentinos tienen en algún rincón de la memoria.
El segundo destino hubiera sido neutro. La bala perdida, hubiera sido solo eso y ahí la polémica mediática era corta: Que la inseguridad hace que la gente ande armada, que la justicia no funciona, que la mano dura, que la mano blanda, que la ley es para los ricos y el castigo para los pobres. Pero sin muertos la noticia no existe. Y la vigencia de la ley parece que solo importa si alguien muere. Los periodistas, los jueces y la gente no tienen tiempo para discutir sobre cuestiones morales.
El tercer destino fue el inesperado. Esa bala paso por detrás del motochorro y tuvo como destino la espalda de un pobre tipo que justo ese día, en ese instante, caminaba tratando de hacer cualquier no sé qué cosa pero seguro que no era morir de una bala absurda, tan absurda como es la muerte cuando se hace realidad.
Ahora Si la polémica comienza a analizar en serio la justicia por mano propia. Tuvo que morir un inocente para que el justiciero pasara de héroe a villano, de abogado a usurero, de víctima de una estafa a implicado en un triple crimen.
¿Cuál fue el error? Se pregunta Martinero. Y la respuesta es simple pero hacía falta un muerto inocente para que fuera sencilla: El error no fue el azar o la mala puntería sino el haber sacado un arma para hacer justicia por su propia mano.
Humberto Benedetto

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